sábado 12 de febrero de 2011

Organización de rescates. (I) Estructura del Espeleosocorro Cántabro


Introducción:

Este artículo es el primero de varios en los que iremos desgranando como orga
nizamos y gestionamos en Cantabria el grupo de Espeleosocorro.

Una intervención de rescate en cueva no se organiza en el momento en el que se recibe la llamada de emergencia en el 112. Ese es el momento en el que se lanza el operativo. Pero éste ha de estar organizado con anterioridad. Para ello es
primordial contar con una estructura operativa de grupo de espeleosocorro.


A pesar de que pueda parecer una perogrullada, la competencia en tareas de atención de emergencias no corresponde a grupos de deportistas, tipo Federación Territorial o Federación Española de Espeleología, sino que corresponde a las autoridades regionales de cada comunidad autónoma. Así cada gobierno regional se ha ido dotando de grupos de intervención en las emergencias habituales en su territorio. De esta manera es el gobierno regional quien lidera una operación de rescate. Para ello puede y debe contar con quién mejor conoce el medio en el que se desarrolla la intervención, los espeleólogos. Sin embargo en algunas regiones éstos han decidido renunciar a colaborar con sus gobiernos regionales en esta materia. Un ejemplo claro puede ser el de Castilla y Leon. En otras regiones sin embargo las autoridades regionales y los representantes de los deportistas son conscientes de las singulares características de este tipo de intervenciones (gran número de personal especialmente capacitado para pocas intervenciones anuales) y han llegado a acuerdos de colaboración, como por ejemplo en la Región de Murcia, Navarra, País Vasco, etc.

En Cantabria las competencias en materia de atención de emergencias recae sobre la Consejería de Presidencia y Justicia y más concretamente en la Dirección General de Protección Civil. Esta consejería el 21 de enero del 2004 publico su Carta de Servicios, actualizada el 14 de junio del 2007 . En dicha carta el Gobierno de Cantabria reconoce claramente su compromiso con el rescate en cavidades, de hecho venía haciéndolo desde 1998, año en el que se hizo cargo de las competencias en materia de Protección Civil.

Estructura piramidal versus estructura orgánica:

La estructura del Espeleosocorro en Cantabria presenta una estructura formal piramidal típica de las administraciones públicas (ver imagen) Sin embargo esta estructura formal no es la más adecuada para las singulares características de un grupo de espeleosocorro. Esto es así debido a la ausencia generalizada en las distintas administraciones del estado de personal propio para hacer frente a todas las necesidades que pueden aparecen en una intervención de esta naturaleza. Como ya he comentado anteriormente los dos aspectos más relevantes de este tipo de intervenciones suele ser su poca frecuencia y la necesidad de contar con un gran número de personas especialmente capacitadas para intervenir en el interior de las cavidades. Por ello es preciso la colaboración y trabajo en equipo de un gran número de personas pertenecientes a distintas culturas organizacionales: Guardia Civil, Técnicos de Emergencias, Agrupaciones Locales de Protección Civil, deportistas voluntarios, bomberos, Cruz Roja, UME. etc.



De esta manera, aún existiendo esa estructura formal a que aludía anteriormente, en Cantabria hemos creado entre todos los participantes una estructura "informal" basada en las relaciones interpersonales de todos los agentes implicados. Estas relaciones se basan en el respeto y el reconocimiento mutuo. Nadie es mas importante que nadie y nadie es imprescindible. Todos los que participan en un rescate tienen algo que aportar. De esta forma se consigue generar a partir del trabajo en equipo unas sinergias que van más allá de la simple suma de los esfuerzos de cada uno. La estructura que mejor se adapta a estas circunstancias es la Estructura Orgánica, se trata pues de un colectivo que funciona como un sistema auto-regulado. No hemos desarrollado la división del trabajo, la formalización de la conducta, una diferenciación clara y definitiva de unidades, la presencia de sistemas de planificación y control, ni ninguna forma de normalización al objeto de coordinar su funcionamiento. Por el contrario tratamos de ser innovadores, renovadores y flexibles.


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Esta flexibilidad es tan grande que no puede delimitarse definitivamente la responsabilidad de nuestros socorristas, ni el contenido, composición y razón de ser de sus departamentos, ni la forma de nuestra estructura, no se puede pues esperar la presencia de una unidad de mando.

La labor pues del coordinador se encuentra en dos aspectos:

.- Hacer de dispositivo de enlace entre el ESOCAN y su entorno (especialmente con esa estructura piramidal de la propia administración de Cantabria).

.- Solucionar los conflictos entre los miembros, dado que al estar dotados de unos conocimientos de naturaleza individualista y no existir autoridad formal, su trabajo en equipo produce una gran tensión.

Se hace preciso pues utilizar un mecanismo de coordinación basado en la adaptación mutua, conseguida a través de dispositivos de enlace. Como consecuencia de esto no se puede esperar que existan líneas de comunicación ni sistemas de información predeterminados; tanto para la información como para la adopción de decisiones predomina una flexibilidad propia de la carencia de formalismos de que está dotado el ESOCAN.

Esto se alimenta por el hecho de que la mayoría de los participantes en un rescate son especialistas que integran lo que en cualquier otra organización constituiría su staff y, además, representan su parte esencial y razón de ser.

Por consiguiente, no se puede decir que existe una estructura formal donde haya unos supervisores que ostentan un poder de decisión y mando sobre otras personas; cada socorrista trata de adoptar la decisión más pertinentes a cada problema planteado, pero sin pretender imponer su voluntad a los demás, dado que todos buscan los mismos objetivos: encontrar la mejor solución. Pone de manifiesto pues un elevado grado de descentralización tanto vertical como horizontal.

Esta estructura en tiempos de no-rescate y gracias a su flexibilidad, en el momento en el que se produce una emergencia y se lanza el operativo se transforma en una organización altamente eficiente que de forma inmediata muta a un grupo de intervención en el que si aparece una forma piramidal para al atención de la emergencia en curso, disciplinada y mot
ivada.



Gracias a esta flexibilidad y a la conciencia de todos respecto al trabajo en equipo, el respeto y reconocimiento mutuo la operatividad no depende de personalismos. Es capaz de re-organizarse, adaptarse. De forma natural es capaz de cubrir el hueco de aquellos que por las circunstancias que sea en ese momento no están disponibles.

Así para que esta estructura funcione es preciso un intercambio permanente de información y formación, es preciso que todos los participantes estén al corriente de todo lo que afecta a la funcionalidad del grupo. Aunque existan distintos roles dentro de este tipo de grupos (formadores, jefes de equipo, sanitarios etc) todos están al mismo nivel en cuanto a relaciones formales.
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lunes 7 de febrero de 2011

Rescates en los Deportes de Aventura. ¿Cobrar o no Cobrar? Esa no es la cuestión


Nuevamente y por enésima vez, tras un sonado rescate, en este caso de espeleo. En una comunidad autónoma se plantean el cobro de rescates. No se plantean la calidad de sus grupos de rescate o si la respuesta por parte de sus responsables a sido la adecuada. Por otra parte la prensa es incapaz de ir al fondo de la cuestión y se conforman con hacer de voceros de los burócratas regionales de turno.

Además la "opinión pública" presente en los foros y en comentarios a pie de noticiarios digitales siempre sale con la misma: ¿y esto quien lo paga? Frente a esta, por otra parte razonable cuestión, suelen aparecer dos grandes grupos de respuesta. Por una parte los que afirman que lo debe pagar el accidentado o en su caso el seguro que este tenga, con la idea de que las arcas públicas no han de correr con los gastos de unos "irresponsables". Y por otra parte los que con cierta razón se ofenden por ser metidos todos en el saco de los irresponsables y opinan que, puesto que los accidentes de tráfico, los accidentes laborales, los accidentes en la playa también corren por cuenta del contribuyente, los accidentes de montaña han de tener el mismo trato.

¿Cual es mi opinión al respecto? pues que posiblemente las dos partes tengan razón. Me explico, los rescates han de ser gratuitos y de la mayor calidad posible. Por otra parte no es posible que las actitudes irresponsables de unos pocos (muy muy pocos) hayan de ser pagados por todos. Aquí surgen dos cuestiones: determinar lo que es irresponsable o no y cuanto cuesta esa supuesta irresponsabilidad.

Respecto a lo primero, ¿que es irresponsable o no? todos los que practican asiduamente un deporte de estas características tienen claro lo que es y no es irresponsable, sin embargo hay una franja intermedia de actitudes difícilmente catalogable. Por ejemplo, practicar parapente con aviso de alerta roja de fuertes vientos es una clara irresponsabilidad. Hacerlo sin avisos de vientos no. Ahora bien ¿en situaciones intermedias? ¿lo es o no lo es?. Al final si un burócrata desde su despacho decide que lo es e intenta aplicar el cobro, puesto que estamos en un estado de derecho la cuestión finalmente acabará ante un juez que decidirá si lo es o no. Tras un número suficiente de sentencias en un sentido u otro se irá aclarando el concepto para todas las partes.

Respecto a lo segundo: cobrar el rescate. Admitamos una situación en la que está clara la irresponsabilidad y que por tanto procede el cobro del rescate. ¿Es esta actuación de justicia? Me explico, una irresponsabilidad muy grave en montaña, por poner un ejemplo, que suponga la muerte de tu compañero de cordada, si el tiempo lo permite se puede solucionar con una hora de vuelo de helicóptero, que entre unas cosas y otras suponga un coste de 3.000 €. Sin embargo una irresponsabilidad muy leve en una cueva, que suponga la fractura de un tobillo, puede suponer un rescate en el que participe el propio helicóptero durante varias horas y un número de 40-50 socorristas durante 15 horas. Este rescate se puede poner por poner una cifra en 60.000 € ¿Es de justicia que aquella irresponsabilidad grave solo suponga 3.000 € y esta irresponsabilidad muy leves te cueste 60.000 €.? No quiero entrar en responsabilidades penales, que nadie plantea (de momento) si no en cuestiones administrativas que es de lo que estamos hablando.

¿Cobrar o no cobrar? Esa no es la cuestión. Por varios motivos, uno que existen seguros de accidente, tanto en el ámbito laboral, como en el de vehículos a motor, como en la práctica deportiva. Cierto es que las coberturas de los seguros federativos son de risa. Cierto es que nunca nadie le ha dicho al seguro que pague, o al menos en el tema de la espeleo no me costa que nuestro seguro haya hecho frente nunca a una factura por estas cuestiones (lo que hace que alguna empresa de seguros se esté partiendo de risa de lo tontos que son unos, la administración que no pasa factura, y otros, los deportistas que pagan religiosamente la parte proporcional de la póliza). Otro motivo es el que ya he indicado anteriormente sobre la injusticia que supone repercutir sin más los costes de un rescate sin entrar a valorar los motivos y características del accidente. No ya la dificultad de definir lo que es o no irresponsabilidad, que sería objeto de otro estudio en profundidad.

La cuestión por tanto reside en tipificar las irresponsabilidades y aplicar a cada una un castigo proporcional a la misma. Tarea complicada sin duda, pero en temas laborales lo han hecho (ver la
LISOS) así como en temas de tráfico (ver sanciones en la ley de tráfico). Por lo tanto, la cuestión es difícil, posiblemente polémica. Pero al final a base de vernos ante un juez y previa la participación liante de abogados y "peritos" se irán aclarando conceptos. De esta forma se consigue lo que la administración suele argumentar a favor del cobro de rescates: que sea una herramienta preventiva y no recaudatoria. Garantizando la atención sanitaria universal en todo lugar, momento y circunstancia y la seguridad ciudadana, que en esencia es lo que nos interesa a todos.